Laicos cristianos
La palabra laicos, posee una doble etimología, una es que pertenece al pueblo y la otra que dentro del pueblo se encuentra en una categoría inferior.
Cabe señalar que a lo largo de la historia el laicado cristiano ha sido marcado por un proceso evolutivo, teniendo su punto de partida cuando surge un entendimiento entre la Iglesia y el imperio, volviéndose religión oficial el cristianismo, con una ya distinción entre el clero y el laicado.
A partir de la definición del Concilio Vaticano II sobre los laicos, se los describe en tres relaciones:
Relación con Cristo: el laico bautizado y ungido por el espíritu se hace cristiano.
Relación con la Iglesia: la misión de los laicos es entendida en los tres oficios de Cristo: profética, sacerdotal y real.
Relación con el mundo: los clérigos y los laicos tienen responsabilidades y cometidos dentro de
la Iglesia y al interior del mundo.
La teología del laicado, ante la dificultad de definir o describir a un laico cristiano, ha optado por llamarlo cristiano o fiel en Cristo, de modo que así se tiene en cuenta a todo el pueblo de Dios.
Los agentes de la acción pastoral
Los agentes pastorales que tiene la Iglesia se clasifican en tres:
Laicos: son todos los cristianos que se incorporan a
la Iglesia mediante el bautismo, siendo tres los estados en los que el cristiano puede ejercer su misión al interior de
la Iglesia: sacerdotal, religioso y laico. La misión que se les encomienda es gestionar los asuntos temporales y ordenarlos según el designio de Dios, a través del ejercicio de su profesión o trabajo civil.
Los religiosos: en ellos la Iglesia distribuye sus carismas para que sean signo y testimonio de la presencia de Cristo en el mundo. Son los encargados de guiar a los fieles a la tradición magisterial y comunitaria de la Iglesia.
El ministerio ordenado.
Algunos criterios para una recta comprensión del Ministerio Ordenado
Cabe señalar que en Iglesia y desde sus orígenes, han existido una gran variedad de servicios, funciones y tareas que reciben el nombre de ministerios. Ahora bien dentro de desarrollo histórico de los ministerios cristianos, destaca el ministerio ordenado, en su división tradicional: episcopal, presbiterado y diaconado, y estas son tarea específicas del ministerio ordenado: el anuncio de la Palabra de Dios, la presidencia de las celebraciones sacramentales y el pastoreo de la comunidad.
Ministerio Episcopal: corresponde a aquel servicio llevado a cabo por los obispos para con la Iglesia local, la cual presiden. Algunas de sus características son: es el máximo grado en el ministerio ordenado, es un ministerio de presidencia (ha de velar por la edificación de su Iglesia local), atestigua la fe apostólica de su Iglesia (manteniéndose fiel al testimonio de los apóstoles, viviendo los carismas y dones del Espíritu Santo), asegura la unión con la Iglesia Universal.
Ministerio presbiterado: corresponde a un ministerio mayor, es decir, forma parte de la estructura sacramental de la Iglesia. Según el C. V. II, el sacerdote representa en su ministerio a Cristo Cabeza. Es un carisma ligado a una tarea pastoral, pues el ministerio es un don de Dios, un carisma útil para la edificación de la comunidad.
Ministerio diaconado: restaurado por el Concilio por dos razones: extender el ministerio ordenado a responsables de la acción caritativa y debido a las dificultades propias del ministerio sacerdotal y la carencia de presbíteros. Es un ministerio ordenado, siendo su dimensión fundamental el servicio, correspondiéndoles a ellos reavivar el servicio social e incluso organizarlo.
El ministerio eclesial de
la Iglesia primitiva y el posconciliar
En el N.T. se constata que el término ministerio aparece como un término general, el cual es un tipo de servicio que pasa a ser ministerio cuando la persona recibe un encargo duradero y jurídico.
Al interior de la Iglesia primitiva surgen múltiples y diversos ministerios, los cuales se enfocaban a las necesidades concretas de las comunidades. El primer ministerio fue el grupo de Los Doce, cuyo origen está en el ministerio de Jesús, son ellos los responsables de la nueva comunidad. Luego surge un grupo de ministros llamados apóstoles o fundadores de comunidades.
El redescubrimiento del ministerio es dado por el C.V. II, y el primer cambio eclesial se manifiesta con el acceso de los laicos a responsabilidades pastorales. Uno de los criterios básicos que constantemente destaca el ministerio cristiano es el anuncio del evangelio como buena noticia, anunciar el evangelio es testimoniarlo como servicio e la fe y de la justicia en comunión con Dios y con los hermanos, especialmente con los más pobres y marginados.

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